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5 min readSep 9, 2026

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“Mi más grande amor” Capítulo 9

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Esa noche nos comunicamos con mi hermano para contarle toda la situación con Güero y que por como se encontraba la mejor opción sería dormirlo.

Parece muy sencillo escribirlo y que aquello fue fácil, la realidad es que el nudo en la garganta, los ojos llorosos eran parte de la escena, ver a tu perrito en esa situación y saber que tienes que decidir por él es lo más duro, pero aquello no tenía un remedio, podíamos seguir yendo a la clínica, estudios, citas, revisiones, medicamentos, cuidados, estábamos dispuestos a seguir luchando por él, pero ¿Güero realmente quería vivir eso? Tenerlo postrado a una cama no es lo más sano para un ser vivo y menos para un perrito que su naturaleza es todo menos a no poder caminar.

El día siguiente, sábado por la mañana, había muchos sentimientos encontrados, desde temprano bajé al primer piso y me acosté al lado de Güero, no quería despegarme de él, decidí faltar al trabajo para tener la oportunidad de pasar sus últimas horas a su lado. Aún recuerdo con nostalgia aquel día, temprano le dimos de comer, su alimento especial que como lo había comentado ya lo hacíamos líquido para que fuera más fácil para él.

Del cuarto de mi mamá donde dormía lo pasamos a la sala para que nos viera a todos, mi hermano pasaría por la tarde para despedirse de él, aunque la decisión ya estaba tomada entre la familia, seguía teniendo una pequeña duda en saber si estábamos haciendo lo correcto así que llamé a la clínica para poder platicar con su doctora porque el día anterior no la localicé, de esta manera ella me daría un panorama más amplio de la situación y ya con su opinión podría estar aún más seguro.

Llamé y me contestó su doctora, le platiqué que Güero había decaído mucho tras la punción, prácticamente no caminaba y estaba acostado en su cama, lo movíamos para cambiarlo de posición, pero lloraba y se quejaba mucho, además la tos había regresado hace un par de días, además, pregunté si era adecuado esperar a los resultados del estudio del líquido para saber si se le podía dar un tratamiento o independientemente de ello Güero seguiría empeorando.

Ella me explicó que si lo vio mucho más débil está última vez, se le habían juntado demasiados problemas para que su cuerpo pudiera luchar contra todos, ella estaba en la mejor disposición de seguir con Güero hasta donde nosotros quisiéramos, pero tal como me dijo su anestesiologa hay ocasiones en la que por muy difícil sea para nosotros lo mejor es dejarlos descansar. Me explicó que había altas posibilidades de que, a pesar de tener los resultados y darle un tratamiento, Güero no pudiera resistir. Así que si, ella me dijo que lo mejor para él era dejarlo descansar.

Me quebré, simplemente la realidad me acechaba y aquellas dudas que tenía no eran más que miedo, temor a perderlo, pero no había otro escenario, por el bien de Güero debíamos dormirlo aunque una parte de nosotros ese día se fuera para siempre, nada sería igual.

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Bajé a la sala, les platiqué lo que la doctora me había dicho y creo que hasta ese momento, solo hasta ese momento todo se sintió tan real, estábamos tan esperanzados de que todo fuera a mejor, que esos últimos días en casa fue una especie de sentimientos encontrados, pues lo que imaginábamos chocaba con la realidad y ahora con las palabras de la doctora todo se volvió tan extraño, tan cerca y tan lejos, cada día que Güero pasaba era un sufrimiento más, aunque para nosotros era lo más gratificante verlo despertar una mañana más.

Mi mamá habló con el veterinario que iba a la casa a verlo para saber si podía hacer el procedimiento, le dijo que si y acordaron la hora. En ese momento le hablé a mi hermano para decirle la hora en la que vendría el veterinario para hacer descansar a Güero, las siguientes horas fueron las más tristes y llenas de amor a la vez.

No nos despegamos ni un solo instante de Güero, nos acostamos a su lado y simplemente recordábamos momentos, reímos, lloramos, platicamos con él y le dejamos saber que su partida dolería por siempre, pero que podía irse tranquilo, nos hizo feliz durante trece años, era justo que en medio de tanto sufrimiento por el que Güero atravesaba dejarlo ir era el acto más sano que podíamos hacer por él aunque una parte de nuestra vida se fuera para siempre.

Mi mamá le cocinó carne, algo que tanto le gustaba a él, queríamos que el último bocado que le quedara en su cuerpo fuera algo tanto disfrutara, se comió dos bistecs, parecía un día normal, pero el reloj cada vez se acercaba a la hora final. Decidimos sacarlo un rato al jardín antes de que el veterinario llegara, mi hermano ya estaba en casa y de pronto sucedió algo increíble. Güero estaba débil, cuando le dimos de comer tuvimos que enderezarlo por nuestra cuenta, el ya no podía hacerlo, simplemente se quedaba recostado, pero cuando le dijimos que lo llevaríamos a fuera él se enderezó por sí mismo, fue algo increíble porque llevaba días sin hacer ese movimiento, así que de cierta manera lo atribuimos a que Güero se estaba despidiendo, no quería irse con esa imagen de los últimos días.

Arrastramos su camita y ahí estaba con ese semblante de paz, de tranquilidad, sabiendo la situación que se aproximaba, no sé si él tenía el deseo de descansar ya, pero de lo que estoy seguro es que nos hizo saber que tomamos la decisión correcta.

Pasadas las cuatro de la tarde el veterinario llegó, fue en ese momento en que todos nos quebramos, Güero se iría para siempre. Preparó la inyección que le pondría fin a su vida, lo subimos a una mesa y comenzamos a agradecerle por tantos años de amor que nos brindó, tal vez no fuimos los mejores dueños, pero siempre lo tratamos con amor, él cambió nuestras vidas, cambió mi vida como no tienen una idea, saber que se me iba me partió el corazón como nuca antes en toda mi existencia.

Güero se fue y con ello la vida que habíamos compartido con él ya no sería la misma, fue sumamente triste saber que luchamos y dimos lo mejor de cada uno para ver a Güero recuperado, pero lamentablemente el destino tenía otros planes. Así me dejaba el ser más extraordinario que había llegado a mi vida, la casa se sentiría más vacía, los ruidos que hacía ya no estarían más, sus ladridos ya no serían parte de la rutina, su olor, sus pelitos en la ropa, todo se había esfumado.

No sé si fue justa la manera en cómo partió Güero, esos últimos meses con la lucha interna de todas las enfermedades acumuladas, pero estoy tranquilo sabiendo que nunca lo dejamos solo, estuvimos a su lado en cada requerimiento que necesitó. Poco menos de una hora después llegaron quienes se llevarían el cuerpo de Güero para hacer el proceso de cremación y así poder tener sus cenizas.

Desde ese momento comenzó una nueva vida para todos, pues aquel ser que iluminaba nuestros días no estaría más, tocaba reponerse y seguir adelante, ahora debíamos honrar toda esa bondad y felicidad que trajo a nuestras vidas.

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Escribo para ordenar el caos de mi mente y darle voz a mi corazón, pues escribir es la única forma que conozco de hacer eterno lo efímero.