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Alejandro Rozado

Alejandro Rozado

Autor de novelas y ensayos. Aquí escribo sobre la decadencia occidental. Veo a la 4T como un islote que vale la pena defender ante el ocaso civilizatorio.

Decadencia, romanticismo, horror…

3 min readAug 5, 2026

Algunos amigos me han preguntado ¿por qué escribo ahora más acerca del Romanticismo que de la 4T? ¿Es acaso esto una licencia diletante que me concedo? Respondo que no. Indago el romanticismo europeo porque fue la primera manifestación cultural que percibió los rasgos decadentes de la civilización occidental. Trato de comprender esta gran declinación en la que todos, sin excepción, vivimos; no es una elección caprichosa, es lo que toca hacer. De modo que la atención prestada hacia autores y obras románticas es apenas parte de un tema mayor que se prolonga hasta nuestros días: la lenta agonía de nuestra manera de ser, estar, actuar y plantarnos en el mundo como miembros de la última civilización perecedera conocida.

Por lo demás, la 4T va bien encaminada y tengo no solo esperanza sino plena confianza en su desarrollo. Se trata de un fenómeno histórico-social orgánico irreversible; una vez iniciado, no hay contradicción interna que la detenga hasta que cumpla las tareas históricas para las que surgió. He escrito lo fundamental sobre nuestro movimiento en mi libro de ensayos: Coordenadas históricas de la 4T [México, 2022, en Amazon].

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Me considero un marxista historicista, en la línea de Gramsci (Norberto Bobbio decía: “El marxismo italiano siempre ha sido historicista”). Pero el historicismo no proviene del “socialismo científico”, sino de pensadores dieciochescos como Giambattista Vico, Johann Gottfried Herder y otros. A diferencia de Marx, quien confiaba en un futuro comunista rebosante de progreso en virtud del creciente desarrollo de las “fuerzas productivas”, el historicismo concibe que las civilizaciones crecen, pero también declinan. De tal modo que no existe una “historia general de la humanidad” signada por el progreso incesante; más bien existen historias -paralelas o entrecruzadas- de esos enormes organismos sociales con fisonomías, ideas y concepciones propias que nacen, crecen, maduran y mueren en congruencia con aquéllas: las culturas y civilizaciones que han surgido y desaparecido desde hace siete mil años.

Hoy, el tema mundial es la decadencia de la civilización occidental que nos corresponde afrontar con los mejores recursos; en este sentido, la 4T mexicana se inscribe como una respuesta luminosa y formidable a este apagamiento histórico general; pero también es una gran isla por la que vale la pena vivir y luchar, rodeada de impulsos destructivos regionales y empujada al abismo por la caída civilizatoria.

Pues bien, el romanticismo fue la corriente de pensamiento y acción, poética y filosófica, que percibió la decadencia occidental en todos los ámbitos de la vida. No fue un movimiento de rebeldía bien organizada -como acertadamente dice Isaiah Berlin-, pero sí una corriente europea que hizo una profunda psicosociología de la ruptura. Fue una sublevación emocional sin teoría política medular (sus adalides iban de un extremo a otro, pues carecían del eje del materialismo histórico, hoy ineludible); no obstante, los poetas, filósofos, músicos y pintores románticos dejaron escuela: nos enseñaron a identificar con la intuición y desafiar con medios artísticos los poderes políticos y culturales tocados por el deterioro capitalista desde el comienzo. Se propusieron, como los comunistas, cambiar el mundo. Su programa fue: no convertir la vida en meros poemas, sino (al revés) convertir la poesía en vida activa. Desde la revolución francesa hasta el movimiento juvenil del 68, desde Lord Byron a Jim Morrison, desde Beethoven a Jimi Hendrix, la ruptura romanticista corre por nuestras venas. He tratado de emular lo anterior durante mi existencia (lean mi trilogía de novelas sobre El Moscovita).

Añado ahora que uno de los signos poéticos de la decadencia civilizatoria es la configuración estética del horror moderno, concebido por los primeros románticos y desarrollado por las siguientes generaciones hasta el cine mudo alemán y más acá. Así, por ejemplo, los chicos perdidos en el bosque es un espeluznante tema que permanece activo desde los cuentos de los hermanos Grimm hasta El proyecto de la bruja de Blair; ¡y qué decir del mito del vampiro en la literatura y el cine! Al indagar el tema del romanticismo y del horror estético -y el real- en la decadencia, lejos de desviarme, consolido mi formación intelectual.

Aunque con menos regularidad que en anteriores años, no dejaré de escribir aquí sobre la 4T.

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Written by Alejandro Rozado

Autor de novelas y ensayos. Aquí escribo sobre la decadencia occidental. Veo a la 4T como un islote que vale la pena defender ante el ocaso civilizatorio.