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Pérdidas

—¿Cómo se habla de 1.097 días que en realidad son un solo día que nunca terminó?

Una doble ausencia fuerza a Gal Goren a hacerse esa pregunta cada día. Hace 1.097 que se lo cuestiona. Sus padres, Avner y Maya, fueron asesinadas el 7 de octubre de 2023 por milicianos de Hamás. A Gal la orfandad le llegó por imposición política. Él perdió a sus padres por vivir en una tierra deseada por dos pueblos, maldecida por varios poderes. Aquí, sobre estos llanos, la Historia se ha reescrito a partir de pérdidas, de imponer pérdidas al contrario, de idear sofisticados sistemas que permitan ampliar la pérdida, de aliarse con el extranjero para que la pérdida se convierta en todo lo que defina a este ser humano. La pérdida como signo de victoria. Pero aquel 7 de octubre de 2023 fue el primer día en que empezó nuestra pérdida colectiva.

—Vivíamos en un paraíso, pero no nos dábamos cuenta que ese paraíso estaba encima de un barril de pólvora — , me decía ayer Tzvi Alon.

Con su melodiosa argentinidad en la voz, este hombre de 77 años transmitía en cada palabra la “pesadilla” de aquel día en su querido kibbutz Be’eri. Allí vivían algunas de las personas más izquierdistas de Israel, concentradas en su misión de hacer la tierra florecer y abastecer a su país, tal y como idearon sus antepasadas. Gente como Tzvi convivían mano a mano con sus menos afortunadas vecinas. El bloqueo de los últimos 15 años había convertido a la Franja de Gaza en un lugar anclado en el pasado. No sólo la pobreza, sino también el aislamiento impuesto habían golpeado durante lustros a un pueblo conocido por sus ansias de vivir. Pero hacerlo a lo largo de toda una vida en “la mayor cárcel a cielo abierto del mundo” sin posibilidad de cambiar su realidad sólo logró que ese anhelo se convirtiera en un caldo de cultivo para el radicalismo y la violencia.

—Durante años, los trabajadores gazatíes del kibbutz tenían las puertas abiertas de nuestras casas, les mandábamos dinero, les llevábamos de la frontera hasta hospitales israelíes para tratarse…–, narraba Tzvi, antes de confesar una dolorosa verdad — , pero ahora, lamentablemente esa empatía se me terminó. Ya no lo siento. Esa es la herida más grande de mi corazón. Es que no tengo empatía por esa gente. Lo lamento mucho, pero no les confío. — se detiene, como si de verdad el corazón se le estuviera encogiendo — Espero que con los años, con educación y con la buena voluntad de las dos partes, podamos nuevamente volver a confiar. Mientras tanto, lo veo imposible.

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Y, ahí, mi corazón aulló de dolor.

Tres años cubriendo cada uno de los vuelcos que ha dado esta historia que empezó el 7 de octubre de 2023, pero que no empezó el 7 de octubre de 2023, y, de repente, vuelvo al punto de partida. Las pérdidas materiales, humanas, vitales y simbólicas ya son parte de mí. Un pedazo indisociable de la persona que soy ahora, 1.097 días después de convivir a todas horas con el mayor daño que puede infligir el ser humano llevado a la más absoluta perfección y eficiencia. Pero esta pérdida tiene otra forma. No se puede sostener con las manos, ni con ninguna otra parte del cuerpo. Esta pérdida reside en el alma y, con su peso, la va erosionando hasta hacer herida. A cada día que pasa y la distancia entre los pueblos se ensancha, hay mayor riesgo de que la herida se convierta en agujero. Un hueco sin fondo del que ya nadie retorna. Desde el agujero, el diálogo es imposible, la educación se forja a ambos bandos del abismo sin un destino compartido a la vista, y sus bordes se van dilatando hasta que el orificio engulle cualquier idea de mañana. Con el derecho internacional bajo las ruinas de Gaza, con las normas acordadas por todas dilapidadas por unos niveles de violencia sin precedentes, ¿qué nos queda? A riesgo de caer en la ingenuidad, me encomiendo a la buena voluntad. Ese concepto tan abstracto como ausente en estos lares del mundo o, más bien, en todo el planeta. La buena voluntad es la que pondrá fin a las pérdidas. Debemos creer en ello. Aunque me duela cada tilde de la frase que he escrito, ella debe ser nuestro faro, porque, de momento, no ha habido pérdida lo suficientemente grande para detener esta vorágine de dolor perpetuo, ya que no hay forma de ganar perdiendo. Por ello, nos aferramos a la buena voluntad. Pronto, antes de que la herida se abra en un agujero insalvable, la buena voluntad emergerá a la superficie. Así debe ser. Así habrá victoria.

—A.

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Al otro lado de la verja, Gaza. A este, Israel.

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andrea lópez-tomàs {diarios de una periodista}
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Written by andrea lópez-tomàs {diarios de una periodista}

escribo, escribo y escribo. dejo en palabras todo aquello que no cabe en mis crónicas periodísticas. me obsesiona contar historias. ahora desde el líbano.