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Ave Eva Book Club

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Somos pájaros del mismo plumaje.

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Dylan Hurwitz, Arriving (Boy Beach), 2023.

El Chico de la Calle Corazón

13 min readOct 6, 2026

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Por: Ana Santoro

La maldita conjuntivitis hizo extremadamente incómoda mi mañana. Abrí los ojos y veía borroso, tenía lagañas y mis ojos estaban hinchados. Inmediatamente revisé mi WhatsApp. Vi que Gabe por fin me había respondido. Ya tenía varios meses pensando en escribirle. Y por una u otra cosa, no lo hacía. Cuando por fin pasó, fue para contarle algo que no se esperaba. Vi que me contestó algunas líneas que no pude leer bien debido a la secreción acuosa de mis ojos. Luego los froté porque no lograba aclarar mi visión.

Atrajeron mi atención unas caras conocidas. Pero no vi la que quería ver. Me levanté y lavé mi cara para poder recobrar el enfoque. Me recosté en la cama nuevamente e inmediatamente le contesté a Gabe en el chat.

Silvia: Amiga, no veo lo veo en ninguna de estas fotos.

Gabe: Son las únicas que conseguí. Nadie lo sabía.

Silvia: Bueno te cuento lo que sé. Todo empezó con una foto de ambos que encontré ayer en un álbum viejo de mi Facebook.

Silvia: Al verlo me dieron ganas de buscarlo de nuevo.

Silvia: Ya lo había intentado varias veces. La primera vez no me aceptó, luego tal vez me tenía bloqueada o algo así. Después simplemente ya no di con él. El punto es que nunca hablé con él directamente.

Silvia: Pero recuerdo vagamente que estaba sentido o enojado conmigo, pero nunca supe el porqué.

Gabe: Pero si nunca se pelearon ¿No?

Silvia: ¡No! Para nada.

Silvia: Según yo, nos alejamos al mismo tiempo que entré a trabajar en el periódico y es que mi horario estaba del asco.

Silvia: Total, ayer volví a buscarlo. Esta es la tercera o cuarta vez que lo intento. Aún puedo recordar perfectamente su nombre completo y de donde era.

Silvia: Así que busqué a todos los Joaquines de Tuxpan, Veracruz. Uno por uno.

Silvia: No pasé por muchos, cuando reconocí su cara y su nombre: Joaquín Aranda de Riviera.

Gabe: ¿De Riviera? ¿Apellido de casado?

Silvia: Parece que sí.

Gabe: Qué raro, nunca había visto que un hombre se cambiara el apellido al casarse.

Silvia: Yo tampoco. Sí me saco de onda.

Silvia: El perfil se veía feo, abandonado y desactualizado. Sus fotos muy pixeladas, viejas y mal tomadas. Sinceramente, no se me hizo tan extraño ver casi nulos comentarios de él.

Silvia: Pero eso sí. Él se veía igualito a como lo recuerdo. Con cara de niño bueno pero expresión de pingo. No envejeció nada. Bien guapillo. Ni una pinche arruga el desgraciado.

Gabe: ¡Óraaaaale! Maldito Joacko.

Silvia: Me llamó la atención que en su foto de perfil estaba abrazando a una mujer mayor que él. Eran una pareja muy dispareja. Él, pura sonrisa y ella con cara seria. Al principio pensé que era su mamá o su tía.

Gabe: ¿Sería su esposa?.

Silvia: Así es. De hecho en uno de estos comentarios, ella le escribió: “Eres mi ángel”.

Silvia: La verdad es que sí pensé que era muy cursi, y más por la forma en que se lo escribió.

Gabe: ¡Ay no!

Silvia: Y luego, puros comentarios random de gente random. Y en algún punto, encontré a alguien que le decía: ‘Te extraño, amigo’.

Silvia: Hasta este punto, necesito que sepas que yo estaba ridículamente emocionada. Juraba que esta vez sí íbamos a poder hablar. Incluso imaginaba la conversación: qué le iba a decir, cómo iba a sonar. Hasta podía imaginarme su respuesta: “¡¿Qué onda, viejaaaaa?!”

Gabe: Jajaja, sí suena a él. Ay, mana, literal, pareces chamaca de secundaria empelotada.

Silvia: Pareciera que sí. Pero la verdad es que solo tenía muchísimas ganas de saber de él. Buscaba por todos lados y no encontraba nada. Nada. Cero. Y pensaba: capaz ni me acepta, capaz ni quiere saber de mí.

Silvia: Y entonces, la desesperación me entró. No lo pensé mucho. Y que le mando un inbox a la señora Riviera.

Gabe: ¡Nooooo! ¿Neta, le escribiste? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Y qué le dijiste?

Silvia: Sí, ya sé, amiga. Fue un impulso. Lo que pasa es que estaba desesperada por saber. Le dije que era amiga de Joaquín desde hace años, de cuando vivíamos en Playa del Carmen. Que trabajábamos juntos en una cafetería. Que llevaba años buscándolo y que solo quería saber qué había sido de él y si había manera de localizarlo.

Gabe: ¡No mames! ¿Y luego qué te dijo, wey?.

Silvia: Se tardó varias horas en contestar, y yo, imagínate, como una psicótica revisando mi teléfono cada 5 minutos.

Silvia: Lo primero que me escribió fue: “Ah, sí, creo que me acuerdo de ti. Silvia Santos, creo que te llamas, ¿no?”.

Silvia: Me lo dijo como si nada. Sin mucha emoción. Como si intentara disimular algo. Como si mi nombre no estuviera ya escrito en mi perfil. Y así, sin siquiera un “¿Cómo estás?”, va y me la suelta: “Joaquín me contó de ti y de la relación que tuvieron”.

Gabe: ¿Whaaaaaat? ¿Cuál relación?.

Silvia: ¡Sííííí, ya sé! Pensé lo mismo. Estaba en shock. No solo no contestó la pregunta que le hice, sino que su afirmación me dejó confundida. ¿De qué relación estaba hablando? ¿De la de amigos? ¿De pareja? ¿De colegas? ¿Por qué decirlo de esa manera?.

Silvia: Sinceramente, no supe qué responder.

Silvia: Luego me dijo: “Él ya es un ángel, esa idea me la hice para seguir adelante.”

Silvia: En ese mismo momento, mi corazón empezó a latir muy fuerte. Pasé de la fantasía de prepuberta a la realidad en un segundo. Sentí como si el pecho se me cerrara con mucha fuerza, como si alguien estuviera a punto de darme un chingazo en la cara, uno de esos que ya sabés que te va a dejar apendejada.

Gabe: ¡Ay no amiga!

Silvia: En ese punto, mi mente lo sabía, pero mi corazón no. Necesitaba leerlo. Verlo escrito. Sin rodeos ni adornos cursis. Creía que, mientras nadie me lo dijera directamente, podría existir otra explicación. Su silencio me estaba matando. Ella me estaba matando. Aunque en ese momento no entendí por qué.

Silvia: Entonces le pregunté directamente: “¿Qué pasó?”.

Gabe: Ay, no amiga, qué estrés, neta.

Silvia: De hecho, pasaron como 2 horas que parecían 6. No puedo explicarte el caos de mis pensamientos. Necesitaba saber. Necesitaba leer.

Silvia: Hasta que, al fin, me soltó la bomba: “Falleció, lo mataron.”

Silvia: Le solté mil preguntas: ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?.

Gabe: No pinches mames.

Silvia: Y de nuevo, otro silencio. Laaaargo. Muy laaargo. Y me dejaba en visto la muy hija de puta. Como no me contestaba, así, con ansiedad, obsesión, negación y todo, me fui a mi cita con el oftalmólogo. Estaba muy alterada e impaciente. Ah, y claro, con mi ojo hecho cagada.

Silvia: Camino a mi cita, no podía dejar de pensar lo bizarra que fue la conversación. Tal vez ella no quería hablar del tema porque aún le dolía, o quizás estaba ocupada. O tal vez no quería hablar conmigo porque, en su mente, yo era su ex. Tal vez sus celos le ganaron. A lo mejor me vi muy grosera porque, del shock, no le di el pésame. Mil cosas se me vinieron a la mente.

Silvia: Y entonces, me acordé de San Google. ¡Maldita sea! Me cagó no haber pensado en eso primero.

Gabe: ¡Aaah, sí, pinche Chivis! Eres buenísima investigando, no mames. ¿Qué fue lo que encontraste?.

Silvia: Pues di con la nota muy rápido. La busqué y la leí dentro del coche, justo cuando iba llegando a la casa de mi cita.

Silvia: Su nombre completo estaba en el primer párrafo: Joaquín Aranda Ortega. Era un diario amarillista, y la foto me dejó fría. Mostraba una carretera deprimente llena de niebla. En la orilla, cubierto por la hierba, se veía un cuerpo. Solo se alcanzaba a ver sus jeans y parte de su camiseta gris. No podía creer que esa fuera la última imagen de Joaquín. No podía creerlo.

Silvia: No había mucha información. Unos chalancillos, casi de la misma edad que él, miembros de un cartel, lo asesinaron de un disparo en la cabeza. Él tenía 22.

Gabe: Pobre Joaquín. Tan joven y tan fea la situación.

Silvia: Se me hace un nudo en la garganta al solo escribirte esto. Cuando terminé de leer, me sentía mucho peor. Deshumanizada. Fuera de mí misma. No se como explicarlo. Entré a mi casa sin hacer ruido. No sé por qué. Me quedé parada unos segundos en la puerta. Seguro me veía como una loca, estaba en shock.

Silvia: Entonces, se me nubló la vista. Axel me vio parada allí en silencio. Me preguntó: “¿Qué te pasa?” Caminé hacia él, lo abracé y por fin empecé a llorar. Largo y tendido.

Silvia: Mientras lloraba, mi pinche imaginación de mierda, no dejaba de poner imágenes feas en mi mente. Luego me daba más sentimiento y lloraba más.

Silvia: ¡Amiga, aventaron su cadáver a una carretera abandonada! ¡Qué hijos de puta!.

Gabe: Ay amiga, en serio lo lamento 😢

Gabe: ¿Oye, sigues ahí?

Gabe: ¿Silvia?

Silvia: Sorry, aquí estoy. Discúlpame.

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Silvia: La verdad, si esto no fuera tan horriblemente trágico, me hubiera reído de la ironía que vi horas después, más calmada.

Gabe: ¿A qué te refieres?.

Silvia: Toda ingenua, estaba súper emocionada porque, según yo, por fin iba a hablar con él. Creí que todos estos años serían suficientes para soltar lo que sea que nos alejó.

Silvia: Y entonces, de chingazo, me entró el coraje. ¡Nunca más iba a poder hablar con él! ¡Y mucho menos saber qué chingados pasó! ¡No puedo evitar pensar lo injusto que es! ¿Qué chingados pasó? ¿Por qué nunca aceptó mi solicitud?.

Silvia: Pero espera, olvidé decirte algo.

Gabe: ¡Que! 😱

Para muestra basta un botón. Así que, minutos antes de haber contactado a su viuda, le mandé a “el” una solicitud de amistad. Y al no ver respuesta, un inbox. Precisamente la foto que te comenté hace rato, la que encontré, fue la que le mandé. Cuando la vi, sentí nostalgia bonita. Estábamos en un bar de la Quinta, jugando billar. Nos veíamos súper bien. Él, con sus rizos, sus ojos verdes. Y yo, 10 kilos menos, con mi cabello castaño oscuro y mi cara de ‘resting bitch face’.

Gabe: Y tú con tu chamarra de Fender.

Silvia: Sí, a huevo jaja. Estaba bien chida.

Silvia: Nos sentíamos súper bien. La pasamos muy chido. Nunca discutimos ni nada. Lo más curioso es que estaba buscando fotos viejas porque necesitaba una foto con mi cabello natural.

Silvia: Para nada me cruzó por la mente que al escribirle: “¡Hey, mira lo que me encontré!” no recibiría respuesta. Y mucho menos que abriría la caja de Pandora.

Silvia: Lo bueno es que el misterio está resuelto. Al menos para mí.

Gabe: ¿Cuál misterio?.

Silvia: El del distanciamiento.

Gabe: Aaaaah, ¿cómo es eso?.

Silvia: Ah, pues mil horas después de que leí la nota, su mujer por fin me explicó detalles de lo que pasó. Después de vivir algunos años en Playa del Carmen, Joaquín regresó a Tuxpan. A los meses volvió con ella, casi al año se casaron y a los meses falleció.

Silvia: Ahí fue cuando me cayó el 20 de que Joaquín había mencionado algo sobre ella. En una de nuestras pláticas, me dijo que era bisexual y que, aunque había estado con hombres, también tuvo una relación de dos años con una mujer mayor.

Silvia: Esto pasó hace 11 años.

Gabe: Es un chingo.

Silvia: Ahora me doy cuenta de que todo este tiempo me estuve torturando en vano, tratando de entender por qué se alejó. La verdad es que no tuvo nada que ver con algo que yo hice. Ahora entiendo que no fue por mí.

Gabe: ¿Oye, pero si nunca anduvieron, por qué piensa eso?.

Silvia: Sinceramente, no lo entiendo. Éramos amigos. A lo mejor ya no te acuerdas, pero sí salíamos mucho. Por el trabajo y fuera de él. Y sí, no voy a negar que una vez tuvimos algo. De hecho, tú fuiste la primera que nos vio juntos.

Gabe: No mames, ¿cuándo? ¿dónde? 😱

Silvia: Una de las muchas veces que fuimos al 69. Andábamos toda la bola de locas. ¿Te acuerdas cuando salíamos con Mauricio y sus amigos gays?.

Gabe: Sí, claro. No sé cómo nos gustaba ir a ese lugar tan rascuacho.

Silvia: Una vez fuimos, pero antes, habíamos estado precopeando en el depa de Mau. Estábamos jugando a verdad o reto o algo así. Ya andábamos medio tropicales. Y así terminamos bailando todos en el bar ese de mala muerte. Yo ya había notado un coqueteo de parte de Joaquín. Obvio, entiéndase que en ese momento yo no sabía que él era bisexual. Para mí en ese momento, en mi cabeza, era mi amigo gay “coqueteando” con su amiga hetero. No se me hizo raro. Por aquella época tenía muchos amigos gay cercanos. Uno de ellos era La Vilchis. Era muy chido y me decía cosas muy bonitas. De hecho, en un Año Nuevo nos dimos un beso de piquito. Fue algo meramente amistoso. Lo mismo pasó con Joaquín. No me pareció extraño que nos volviéramos cercanos. Además, me gustaba mucho su personalidad extrovertida, atrevida y lo seguro de sí mismo que era. Así que cuando estábamos bailando, se empezó a acercar a mí. Y me sonreía mirándome a los ojos, el muy descarado. Todo se sintió muy natural y divertido.

Gabe: ¡No manches amiga! ¿Por qué no recuerdo nada de eso?

Silvia: Porque tú también estabas muy peda jaja.

Silvia: En medio de todo el baile, me dieron ganas de ir al baño, y cuando le dije que tenía que ir, me respondió: “Yo te acompaño.”

Silvia: Cuando menos me di cuenta, estábamos afuera del pasillo de los baños, dándonos un tremendo beso.

Gabe: Jajaja, ya me acordé. De hecho, yo se la empecé a hacer de pedo porque pensé que se estaba aprovechando de ti. Pero tú, bien quitada de la pena, me dijiste: “Estoy bien amiga, no te apures”. ¡Hija de la chingada!.

Silvia: Sí, jajaja, y me dijiste: “Ah, bueno” y te fuiste muy campante.

Silvia: Quiero que sepas que, aunque sí estaba medio peda, no tanto como para no darme cuenta de que fue un muuuy buen beso, y que no tuvo nada que ver con el de La Vilchis.

Gabe: Jajaja, ándale, qué cabrona.

Silvia: Pues me dejé llevar, amiga, ¿qué te digo?.

Silvia: Y bueno, seguro tampoco te acuerdas del after. Cuando cerraron el 69, nos fuimos de nuevo a casa de Mau. Nos quedamos a dormir ahí. Tú te fuiste a tu casa porque tenías que trabajar. Marce y Mau se quedaron en la habitación principal. Y Joaquín y yo pusimos unas cobijas en el suelo de la sala, ya que ninguno de los dos cabía en el sillón.

Gabe: jaja bien larguiruchos.

Silvia: ¡Sí! Solo tú podías caber en ese sillón. La mexicanina eres tú jaja.

Silvia: Recuerdo que nos estábamos riendo como idiotas, no sé ni por qué. Y sin darnos cuenta, terminamos besándonos otra vez. Finalmente, la cosa se descontroló. Hasta que… bueno, ya te imaginarás.

Gabe: 😱😱😱😱😱😱 No manches no me acordaba de eso. Y tú qué pensabas que era gay.

Silvia: Pues mira, entre el alcohol, la fiesta, la química y que estaba un poco despechada por el cucaracho, la verdad sí me valió. ¿Y sabes qué? Estuvo muuuuy bien. Y aunque sí, algunos de mis recuerdos son vagos, hay otros que son muy vividos. Realmente lo disfruté.

Silvia: Al día siguiente, fue cuando no sé por qué, sintió la necesidad de aclararme que se consideraba bisexual. Y yo solo le contesté: “Sí lo noté”.

Gabe: Jaja, todos lo notamos. Oye, pero entonces, ¿fue algo de una sola noche para ti?.

Silvia: Más o menos sí, y más o menos no. Poco después tuvimos lo que nosotros le llamamos “nuestra primera cita” y estuvo muy chido. Fuimos a Cancún, al Hard Rock Café a tomar unos tragos. Luego nos fuimos a caminar por la Plaza La Isla hacia la playa. Durante ese trayecto, nos tomamos varias fotos. Ese día, aunque hubo coqueteo y varios besos, no volvimos a tener sexo. Sin embargo, sí nos veíamos todos los días y nos divertíamos mucho. Nos volvimos muy cercanos. A las semanas, yo le dije que, aunque sí, me sentía atraída hacia él, prefería conservarlo como amigo. Porque la verdad es que sí me asustaba un poco que fuera menor que yo.

Gabe: ¿Pues si estaba medio chavito, no?.

Silvia: Sí, más o menos. La diferencia no era enorme, pero en ese momento, para mí, sí era un factor.

Silvia: Creo que nunca me perdonó del todo que lastimara su ego o su corazón al rechazarlo. Según yo, quedamos como amigos porque nos seguimos viendo después de eso; incluso me presentó a varios de sus ligues. Siempre pensé que él estaba buscando experimentar y yo fui parte de esa experimentación. Y, a su vez, yo también lo utilicé porque estaba dolida por el pendejo este que me engañó. Cuando entré a trabajar al Diario, empezamos a perder contacto.

Silvia: Finalmente, me regresé a San Luis. No me despedí de él, ni de nadie, y él se quedó en Playa del Carmen un tiempo. El resto es historia.

Gabe: Entonces ¿Cuando lo empezaste a buscar en face, él aún vivía?

Silvia: Lamentablemente no lo sé. Por más que intento encontrar algún rastro en mi cuenta, no he podido averiguarlo. Lo único que sí sé es que alguien vio ese primer inbox que le mandé. Le envié una foto que le tomé en una fiesta. Recuerdo perfectamente lo que le escribí: “¡Holaaa, amigo! Mira lo que me encontré, me gusta mucho cómo sales aquí. Por cierto, ¿por qué no has aceptado mi invitación? ¿Estás enojado conmigo o qué pasa?”.

Gabe: No mames, qué culero. ¿Entonces nunca te contestó ni aceptó tu invitación?

Silvia: No, pero años después, la segunda vez que intenté contactarlo, ¿adivina cuál era la foto de perfil que tenía puesta?.

Gabe: No mames, ¿la misma pinche foto que le mandaste?.

Silvia: La mismísima. ¿Fue él quien me ignoró o fue su esposa? ¿Cómo saber? Como nunca me aceptó, no guardo ninguna conversación y no tengo las fechas, no tengo manera de comprobarlo. A veces creo que tal vez ni siquiera estaba vivo en ese momento.

Silvia: Realmente, nunca lo sabré.

Gabe: Tal vez sí sabes más de lo que crees.

Gabe: En serio lo lamento. Yo no lo conocí como tú, pero era un buen tipo, paisano y fiestero. Y sé que tú lo querías mucho. Te mando un abrazo. 🫂

Silvia: Gracias, amiga. Eres la primera persona que me lo dice. La verdad, solo espero que él también lo supiera. Ojalá hubiera sabido lo mucho que significó para mí.

Gabe: Lo sabía. Tanto lo sabía que se lo contó a su mujer. Y creo sinceramente que él se sentía como tú. De hecho, opino que si hubiera estado vivo, te habría respondido de la misma manera tonta que tú. Y bueno, los celos de su mujer, después de tantos años, hablan de que hubo algo real entre ustedes, incluso después de muerto.

Silvia: Es cierto, no lo había pensado así. Quiero pensar que lo que nos separó fueron las circunstancias y no un tonto malentendido.

Silvia: Espero que sepa, donde sea que esté, que durante estos 11 años nunca lo olvidé. Y que aún me hacía sentir como una quinceañera. Ojalá le hubiera dicho gracias, porque hizo mi año muy feliz. Y bueno, aunque sea un cliché cursi, sí, en efecto, lo guardo en mi corazón, junto con todas las pendejadas que hacíamos juntos.

Silvia: Para mí, no era un ángel, era el demonio más carismático de Playa.

Gabe: ¡Sí! Era un cabrón, la verdad. Hacíamos puro desmadre jaja.

Silvia: Ojalá las cosas hubieran sido diferentes y hubiera podido conocerlo más.

Gabe. 🖤 x2

Silvia: En fin, quién diría que todos estos años estuve buscando a un fantasma.

Gabe: ¡Puuuf! Literal y figurativamente hablando.

Silvia: Muy cierto. Gracias amiga, me ayuda todo esto que haces. Te quiero mucho perrita 🥲🩷🫂

Gabe: Yo también tarada. 😘 Oye, ¿y si mejor me marcas?. Es más fácil.

Silvia: jaja sí, mejor.

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