La Huida
What remains when we stop fighting to belong to spaces that crush the soul?
Un cuerpo exclusivo sentado a la mesa corporativa.
Labios lúgubres pronuncian narrativas fabulosas de una empresa "bendecida", "afortunada".
Adentro, amamantando las olas de la invención;
pero afuera, famélico de aliento emocional.
Inquieto.
Un traje atrapado detrás de la monarquía de caoba,
feroz en su concentración.
Un esqueleto doblado con rigidez,
calculando los números como hechicera derramando el caldero, escupiendo espuma.
Desesperado.
Get Ms. K’s stories in your inbox
Join Medium for free to get updates from this writer.
Otro cuerpo fijado como estatua, mano en la herramienta.
Desde las huertas a las máquinas,
alcanzando paso a paso, laborioso, hacia el ápex de los ejes X, Y, Z,
abrazando la cima con el cariño de un amante desafío.
Aún más desesperado.
Ya se va el laboral fiel.
Se huye a través del ruido efímero, dejando la vía de los ejes,
arrancando la chispa como las estadísticas contra un escudo rojo.
Un alma erudita... atravesando "La Calle", de pie en el pico,
enfrenta el mandato susurrado: "Vaya".
Despedido, liberoso*.
¡Y ya se va!
Aguantando firme.
Un espacio vacío.
Author’s Note: In the context of rising inequality and macroeconomic instability, I wrote this poem to reframe "a loss" as a moment of profound possibility. The focal point of the poem, as in its companion painting, is the moment of rupture. True peace is not the absence of conflict, nor is it the false security offered by corporate or institutional systems ("not as the world gives"). Instead, it is the terrifying, beautiful peace found when we stop fighting to fit into spaces that crush us. When the soul finally flees, it leaves behind "an empty space"—a void that is not a symbol of lack, but a clean slate where a reconciled, authentic identity can finally begin to heal and rebuild.









