Economía Ficticia: El Retorno de Inversión de la Mentira (Wag the Dog y la Guerra Teatral)
- Título original: Wag the Dog (Escándalo en la Casa Blanca), 1997
- Director: Barry Levinson
- Guion: David Mamet y Hilary Henkin (Basado en la novela American Hero de Larry Beinhart)
- Protagonistas: Dustin Hoffman, Robert De Niro, Anne Heche, Woody Harrelson.
Si intentamos entender la actual guerra en Medio Oriente sólo consultando redes sociales o noticieros tradicionales, vamos a sentir que se trata de una esquizofrenia absoluta. La “niebla de guerra” moderna ya no está hecha de humo de pólvora, sino de una saturación algorítmica diseñada para confundir. Vemos a políticos contradecirse a sí mismos en cuestión de horas (o minutos si se trata de Trump), imágenes generadas por inteligencia artificial y a ejércitos de bots (hasta usuarios convencionales, excesivamente crédulos) defendiendo posturas indefendibles como si fueran soldados en una trinchera. La verdad táctica dejó de importar; lo único que importa es quién controla la narrativa. Como dijo el tristemente célebre periodista Raymundo Riva Palacio: “La verdad ya es irrelevante”.
Para diseccionar esta guerra mediática, tenemos que retroceder a 1997, a esa obra maestra del cinismo dirigida por Barry Levinson y coescrita por el implacable David Mamet: Wag the Dog (conocida en México como Escándalo en la Casa Blanca).
La premisa es de manual político: a pocos días de la elección, el Presidente de los Estados Unidos se ve envuelto en un escándalo sexual. Para evitar la debacle en las urnas, un despiadado consultor político (Robert De Niro) contrata a un brillante productor de Hollywood (Dustin Hoffman) para inventar una guerra falsa contra Albania y desviar la atención del electorado. Como decía el gran maestro del teatro en México, Héctor Azar: “todo espacio vital es un espacio teatral”. Mamet lo sabe, y nos demuestra que la política exterior y la guerra moderna operan bajo estrictas reglas de producción escénica y presupuesto.
El ROI de la Propaganda: Costo de Guerra Real vs. Guerra Percibida
Para entender por qué los gobiernos y las facciones invierten tanto en manipulación mediática, hay que mirar las cifras.
Mantener una guerra en el terreno (como las de Irak, Afganistán o el actual Medio Oriente) es financieramente asfixiante. El costo físico implica logística masiva, combustible, desgaste de maquinaria y municiones. Un solo avión caza F-35 cuesta alrededor de 80 millones de dólares, y un misil interceptor puede costar millones cada vez que se presiona un botón. Hablamos de un gasto de cientos de millones de dólares diarios.
En la actual guerra e Irán, las diferencias de presupuesto son abismales, por ejemplo, un dron de ataque iraní Shahed-136, cuesta entre $20,000 y $50,000 dólares, lo que le permite a este país usar enormes cantidades, creando una asimetría económica, ya que destruirlos cuesta miles de millones.
Mencionaré algunas cifras sobre el armamento de Estados Unidos. Los misiles interceptores Patriot (PAC-3), cuestan entre 3 y 5 millones de dólares por unidad y se necesitan de 2 a 3 para derribar un solo dron. Tienen otros misiles de alta sofisticación, que llegan a costar hasta 12 millones por unidad. No los quiero asustar, pero se calcula que en los primeros días de la guerra de Irán en 2026, Estados Unidos perdió cerca de 2 mil millones de dólares en equipo militar, incluyendo radares y aeronaves. Eso fue al principio, pero en el momento en el que escribo esto han pasado 45 días desde entonces… Hagan cuantas.
Obviamente mi postura es antibélica, pero estas cifras demuestran que no hay manera de financiar un conflicto de esta naturaleza sin alterar la economía global.
Frente a esto, ¿cuánto cuesta la guerra contra Albania en Wag the Dog? El salario de un productor, rentar un estudio de grabación en Hollywood, contratar a una actriz para que corra frente a un croma verde con una bolsa de papas fritas (que en postproducción será un gatito), y grabar una canción patriótica falsa en un estudio de audio. Toda la operación probablemente costó un par de millones de dólares.
Extrapolemos esto a nuestra época. Financiar una granja de bots, campañas de desinformación en redes sociales o micro-targeting cuesta una minúscula fracción de lo que se invierte al movilizar un batallón. El Retorno de Inversión (ROI) de la propaganda es astronómico: puedes destruir el capital político del enemigo o justificar tu propio presupuesto militar gastando apenas unos centavos en el mercado de la percepción.
La Ley de Gresham y la Privatización de la Opinión
La prensa siempre ha sido militante, eso no es nuevo. Lo aterrador del ecosistema digital es la tercerización de esa militancia. Hoy, la guerra de información se libra a través de usuarios y bots que replican narrativas de forma compulsiva.
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En economía existe un principio llamado la Ley de Gresham, que dicta que “la moneda mala desplaza a la buena”. Si aplicamos esto al mercado de la información, el resultado explica nuestro caos actual. El periodismo de guerra real — ir al frente, verificar hechos, contrastar fuentes — es la “moneda buena”: es un proceso lento, peligroso y carísimo de producir. Por el contrario, un tweet incendiario prefabricado, un video fuera de contexto o una campaña de indignación es la “moneda mala”: su costo de producción es casi nulo y apela directamente al sesgo de confirmación del usuario.
Bajo las reglas de la rentabilidad algorítmica (donde la indignación genera clics y los clics generan ingresos publicitarios), la narrativa barata y prefabricada siempre inundará el mercado, desplazando a la verdad compleja.
El Error del Productor y la “Propiedad Intelectual” de la Mentira
Hacia el final de la película, el personaje de Dustin Hoffman (Stanley Motss) comete un error fatal. Su ego de productor le exige reclamar el “crédito” por la victoria electoral del presidente. Amenaza con salir a decirle al mundo: “No fue el presidente quien ganó, fue mi campaña”. A raíz de esto, el Estado lo asesina simulando un infarto.
A nivel de guion, es un final dramático, pero si lo analizamos fríamente, presenta una incongruencia. Un productor del calibre de Motss, con ese nivel de genialidad y cálculo político, debió prever su destino. Su ceguera proviene de un error económico fundamental: creyó que seguía operando en el mercado del entretenimiento, donde las ideas se protegen bajo la Propiedad Intelectual. Olvidó que estaba operando con el Estado, la única entidad que posee el Monopolio de la Violencia.
Incluso si Motss no hubiera sido asesinado y hubiera hablado con la prensa, su amenaza era vacía. El propio sistema mediático que él ayudó a orquestar lo habría triturado. Nadie habría dicho: “¡Oh, el presidente ganó gracias a una guerra de mentiras!”. Simplemente, la maquinaria lo habría reducido al nivel de un teórico de la conspiración balbuceando locuras, algo que exploramos a fondo en el artículo sobre el falso documental Opération Lune. El Estado no necesitaba matarlo; bastaba con arruinar su credibilidad. Pero en el teatro del poder, decidieron recordarle de la forma más dura que los directores de escena no salen a dar las gracias cuando cae el telón.
Conclusión: la película de ficción que parece una crónica del presente
Wag the Dog hace mucho que dejó de ser una comedia negra para convertirse en un documental anticipado. El conflicto en Medio Oriente y la guerra en redes sociales nos demuestran que los presupuestos ocultos de defensa no solo financian misiles, sino likes, tendencias y realidades prefabricadas. Al final del día, ganar una guerra de billones de dólares en el terreno de combate no sirve de nada si el enemigo logró ganar la guerra en la pantalla de un smartphone gastando solo una fracción del presupuesto.
Glosario de Economía Ficticia
- Capital Político: El nivel de confianza, apoyo y popularidad que tiene un líder o institución frente al público. En la película, la “guerra” es un mecanismo de emergencia para evitar la quiebra de este capital antes de la elección.
- Ley de Gresham (aplicada a la información): El principio económico que establece que “la moneda mala desplaza a la buena”. En los medios digitales, la desinformación barata y emocional (mala moneda) viraliza más rápido y desplaza al periodismo de investigación riguroso y costoso (buena moneda).
- Monopolio de la Violencia: Concepto sociológico que establece que el Estado es la única entidad con el derecho legítimo de ejercer la fuerza física. Stanley Motss olvida este principio al intentar retar al poder presidencial.
- Retorno de Inversión (ROI): Métrica financiera que compara el beneficio obtenido en relación con la inversión realizada. La propaganda mediática tiene un ROI infinitamente superior al armamento convencional.
Bibliografía y lecturas sugeridas
- Chomsky, Noam y Herman, Edward S. Los guardianes de la libertad (Manufacturing Consent). (Un texto sobre el modelo de propaganda y cómo los medios de comunicación de masas filtran la información para servir a los intereses del Estado y las corporaciones).
- Ryan, Holiday. Confía en mí, estoy mintiendo: Confesiones de un manipulador de los medios. (Análisis sobre cómo se explotan las vulnerabilidades de los blogs y las redes sociales para crear narrativas falsas y rentables).
- Baudrillard, Jean. La guerra del Golfo no ha tenido lugar. (Ensayo filosófico que argumenta cómo la Primera Guerra del Golfo fue vivida por Occidente más como un evento televisivo y simulado que como un conflicto material).







