La pregunta que me hicieron
El valor de compartir contenido va más allá de las métricas.
Hoy me sucedió algo curioso, por no llamarlo de otra forma. Me preguntaron si acaso no trabajo o por qué siempre estoy en las redes sociales compartiendo contenido.
Confieso, como todo ser humano, mi primera reacción pudo haber sido la más común… esa la dejaré a la imaginación del lector. 😉
Pero, por un instante, decidí responder desde la reflexión y no desde el impulso.
Get Mariola Soberanis’s stories in your inbox
Join Medium for free to get updates from this writer.
Vivimos en una época en la que es fácil juzgar lo que vemos y muy difícil comprender el propósito que hay detrás. Creemos conocer la vida de alguien por unos cuantos minutos de contenido, cuando en realidad solo estamos viendo una pequeña ventana de su historia.
Las redes sociales han sido señaladas como una pérdida de tiempo, una distracción o un escaparate de superficialidad. Y sí, pueden serlo. Pero también pueden convertirse en un puente para enseñar, inspirar, acompañar y sembrar esperanza. La diferencia nunca ha estado en la herramienta, sino en las manos y en el corazón de quien la utiliza.
He aprendido que una publicación puede parecer insignificante para cientos de personas y, al mismo tiempo, representar una respuesta para alguien que estaba a punto de rendirse. Un mensaje puede pasar desapercibido para la mayoría y, aun así, convertirse en el impulso que otra persona necesitaba para volver a creer en sí misma.
Por eso ya no mido el valor de lo que comparto por la cantidad de “me gusta”, comentarios o veces que se comparte. Las métricas alimentan el algoritmo; el propósito alimenta el alma.
No esperes miles de reacciones cuando decides construir en lugar de entretener. Lo constructivo rara vez hace ruido, pero suele permanecer mucho más tiempo en la memoria y en el corazón de las personas.
Al final del día, no seremos recordados por cuánto publicamos, sino por lo que provocamos en quienes nos leyeron. Porque las palabras correctas, en el momento indicado, tienen el poder de cambiar una vida… y a veces, esa vida nunca nos dirá que fuimos parte de su historia.






