Llegarás… o tal vez no.
De inicio me costó pensar en el título, pero es que esta vez no lo quise dejar para ultimo momento debido a la importancia de citar la elección de las palabras que nombran este texto. “Llegarás… o tal vez no” habla de la persona que conocí en 202(). Me sorprende a mi misma dejarle estas palabras a través de una máquina virtual, pero la facilidad de borrarlo consta de un simple botón. Me pregunto si los botones en la vida real forman parte de la experiencia de no volver a encontrarte a una persona, ni una sola vez.
Hace dos años que no le dedico ni un solo texto. Mis referencias hacia él son porque recuerdo el edifico en donde solía vivir. Al menos un tiempo pude dar indicaciones de cómo llegar a tal lugar si es que hacía el ejercicio de recordarnos en su balcón. Esa vez vimos el sur de la ciudad y ha pasado tanto tiempo.
En alguna parte de esta extenuante historia hay algo que se puede nombrar de otra manera, algo como una quimera, que solapa todas las acciones que dictan un agonizante adiós. Eso fue y será su recuerdo. La imposibilidad de creer.
Hubo un tiempo en donde solía escribirme, pero nunca entendí la razón por la cual sus mensajes, a pesar de ser muy directos, carecían de nitidez. Los releía una y dos, tres, hasta cuatro veces. Todo el tiempo se repetían las mismas letras. Recuerdo que incluso una vez me pareció haber leído el mismo mensaje al menos cinco mensajes atrás.
Esto es para Ray:
20/01/2026
Hola, soy Melissa.
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Seré directa y no muy breve. No entiendo el juego.
He pensado que sabes mi lenguaje, sabes como acercarte y escribir pocas palabras que me harán pensarte. Sabes algunas cosas sobre mi, pero esas pocas cosas que sabes de mi, son esenciales para despertar un interés eufórico sobre ti.
Tomas mis manos e intentas deslizarte lentamente hasta tocar la punta de mis labios. Tu mirada se queda fija sobre mi mentón y es ahí cuando me sueltas. Ese momento es decisivo porque sé que es la señal que habla por ti, porque no estás dispuesto a saber por qué tengo tanto miedo al ruido; a los corchetes infinitos; a los espacios vacíos; a ti.
Ha pasado mucho tiempo y hasta ahora pude entender porqué nunca me has elegido. No era tan difícil al final, era más simple de lo que pude haber imaginado.
Nunca veré una película contigo acerca de los recuerdos que nos grita la infancia. No discutiré los libros de Zambra ni te escucharé hablar sobre Irene Sola. No seré la persona que odies. Nunca en ninguna otra parte de esta abrupta línea de vida.
Es tiempo de que me vaya.
09:07 p.m.
Es cinco (5) de febrero del 2026.
Parece que te he había encontrado, o al menos eso pensé al ver la espalda de aquel sujeto. Las manos, el cabello, los lentes, el color de piel, el espacio entre sus piernas, el cabello rizado y bien peinado. Pensé por un momento, un largo momento, después de haber observado a detalle su terso rostro y su piel pálida, que eras tú. Pero no, dentro de él solo había otra alma muy distinta a la tuya. Ningún registro de nuestra parte más íntima. Busqué al rededor de unos segundos mi recuerdo en sus ojos, pero como era esperarse, no había nada. ¿Qué tan lejos está de ser algo que está sucediendo con nosotros?





