Sitemap

El nuevo enviado

5 min readMar 4, 2015

--

black-and-white-earth

— Reconoce al menos que la han cagado, ¿no? — dice el viejo cabrón, que siempre habla de perdonar pero no hace más que chillar como una loca histérica y buscar culpables. Claro, él no ha hecho nada, ¡él nunca hace nada! Solo de vez en cuando baja en forma de paloma — un animal que detesto — o mete su vocecilla en la mente de algún pastorcillo.

— Mira, hablemos de otra cosa, ya todo esto está fuera de control, no nos impliquemos, acuérdate que nunca sirvió de nada. Ni paz, ni amor, ni pollas en vinagre. A ésa gente solo le vale matarse, disfrutan con ello, oh sí, se divierten con el dolor. Déjalos, amigo.

Tal vez el barbas tenga razón, después de todo, nunca nos ha ido bien cuando nos hemos implicado. Cuando lo del diluvio — por aquél entonces nos ponían otros nombres — nos pareció que el castigo había sido suficiente. Todos los que estábamos al mando lo aprobamos pensado que era lo mejor. Antes éramos más aquí arriba, pero ahora somos pocos y estamos cansados. Y no sirvió, nunca sirve de nada.

— Te olvidas de mí, padre ¿acaso lo mío no sirvió de nada? — ya está aquí el melenas, tenía que aparecer, claro — dime que mi mensaje de paz no funcionó durante cientos de años, incluso ahora, joder, ahora más que nunca. Ya sé que podría haberlo hecho mejor, tal vez esperabas más de mí, pero hice lo que pude. Hice lo que me dijiste.

— Tampoco a mí me fue mucho mejor, tranquilo con eso, cálmate. Ellos pensaron que solucionaríamos las cosas, pero no tienen poder allá abajo, como tampoco lo tenemos nosotros. Allá, en ese orbe maravilloso, no saben valorar lo que tienen, la fuerza que tienen, la vida que se les otorga. Pero viven vidas que no merecen ser vividas, por eso odian, odian sin medida. Así que tienen razón, no hay más que hablar. Siempre tienen razón.

Ellos son más jóvenes pero ya están derrotados, tan derrotados como nosotros, los viejos. ¿Dónde están los demás? ¿Porqué se fueron? Ahora nos podemos contar con los dedos de una mano. Pero antes era diferente, entre los olímpicos y los babilónicos, por no hablar de los… ¿cómo se llamaban? ¡Ah, la memoria me falla!
— Oye, ¿cómo se llamaban aquellos de los animales? Sí, sí, que eran como medio animales, y el culto que les daban era…
— Pues no me acuerdo, de eso se acordaba mi mujer, pero tampoco ella está. Un día están y al otro no están. Desaparecemos o persistimos según nos crean, todo se basa en eso.

El viejo tiene razón, todo esto es irreal. Somos el producto de una alucinación, del miedo, de la ignorancia de la noche de los tiempos. Pero aquí estamos, persistimos unos pocos. Tuvimos que desaparecer todos hace largo tiempo, pero todavía estamos aquí. La ciencia parecía que nos iba a borrar, pero pervivimos gracias al arte. El arte es nuestro principal aliado. También nuestro peor enemigo.

Get Xavier Carrascosa Rivera’s stories in your inbox

Join Medium for free to get updates from this writer.

— Oye, pero reconoce que ahora la han cagado — insiste el viejo, que a cabezón nos gana a todos. Sí, claro que la han cagado. Siempre están cagándola, no saben hacer otra cosa. Pero todos la cagan, todos sin excepción.
Me asomo al orbe y lo contemplo; una bolita de un inmenso azul, ¡qué belleza! Si tan solo se tratara de amar, de amar sin medida, de perdonar. Nos llegan cada vez menos muestras de amor, de buenos deseos, de perdón. Pero no dejan de llegar sentimientos de odio, a veces incluso muertos, como los mártires, que nos miran asombrados al llegar. Porque pensaban tal vez en un harén lleno de vírgenes, ¿sabes? como un delirio de viejo verde tibio de viagra. Pero estamos aquí todos reunidos, viviendo en comunidad, sin odiarnos, aunque a veces es difícil esquivar algunos roces. Pero es que tenemos que vivir así, todos juntos, igual que ellos están en el orbe. Lástima que estas enseñanzas las aprendan aquí, en lugar de allí. Tal vez podríamos hacer algo más, llevar un mensaje, enviar a…

— Sé lo que estás pensando y la respuesta es no. — me dice el viejo — Ya se ha hecho antes, ¿recuerdas? De qué nos va a servir. Hazte un favor y no la cagues más. Venga, vamos a sentarnos con el gordo feliz y dejemos esta mierda. ¡Que se apañen! Y tú, hijo, no me mires así, ni tú, ni nadie. ¿Qué queréis hacer, eh? ¡Venga genios! ¿Qué proponéis? Oh, ah, claro, digámosles que vivan en paz, que se amen los unos a los otros. ¿Verdad? ¡Pues mirad! ¡Mirad os digo! ¡Observad sus formas de amar! ¡Mirad os digo!

Pero nadie mira y todos callamos, porque sabemos que el viejo cabrón tiene razón. Su forma de amar es matarse hasta el exterminio. Lo raro es que no hayan acabado con todo, tan ebrios de poder, tan soberbios ellos. Me desespero yo también. Es estonces cuando habla el nuevo, uno de los pocos que apareció por aquí hace algunos años, aunque no sabemos muy bién dónde salió ni cómo recibe su culto. Su voz suena poderosa, aún en su juventud.

— Dejadme actuar a mí. Sé lo que quieren, sé lo que anhelan en lo más profundo de sus negros corazones. Lo sé y puedo usarlo para cambiar realmente el curso de los acontecimientos. Hasta ahora habíais enviado mensajes de paz, señales para elevar sus almas. Todas ellas han fracasado. Pero en verdad os digo: hay que enviar un mensaje de discordia, algo que les haga temer realmente por sus vidas, algo que cause espanto y pavor. Tal vez solo así lograrán unirse como un solo pueblo, como un solo hombre, para hacer frente a la adversidad y para ser, al fin, tolerantes y justos, espirituales y bondadosos. Solo entonces descubrirán su poder y su energía. — asegura el nuevo, que me contempla con su mirada de visionario.

Todos le escuchamos, sin saber qué decir. ¿Y si el nuevo tiene razón? Después de todo parece ser el producto de los nuevos tiempos, él sabe más que nadie sobre los usos y costumbres de hoy. ¡Nosotros estamos tan anticuados! Así pues, tomamos una decisión: dejemos actuar al nuevo.

— Adelante, Nyarlathotep, haz lo que tengas que hacer. — le digo. Aunque al pronunciar su nombre siento un escalofrío, un ligero malestar, un cosquilleo incómodo. Será porque a partir de ahora las cosas van a ir mejor.

_________________________

Por Xavier Carrascosa

Relato vagamente inspirado en el juego Wake up, Cthulhu!

--

--