Stand
Stand es una película rusa que nos presenta la situación tan espantosa que viven las personas de la diversidad sexual. Fue estrenada en 2014 pero parece de hace apenas unos días. Seguimos a una pareja, Vlad y Anton, que presencian el ataque a un chavo sin que puedan ayudar.
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Esto hace que uno de ellos se obsesione, está seguro de que el ataque ha sido por causas homofóbicas. Inicia una investigación junto a su novio para documentar y exigir algo de justicia. Saben el riesgo, si bien se acompañan de algunas personas aliadas, el contexto del día a día los hace caer en paranoia.
La película se mantiene ecuánime, sin grandes sobresaltos, pero crea tensión porque se asemeja a ese no saber de dónde va a venir el ataque. Esta pareja se verá afectada porque aunque los intenciones son buenas, el activismo siempre implica arriesgar el pellejo. Sin spoilear, hay escenas de violencia cruda, un sacudidón al espectador para tomar consciencia de lo que pasa en Rusia.
Stand es cruel porque pone de manifiesto que ante situaciones de riesgo para la comunidad LGBT, azuzadas por un clima político conservador, no siempre se responde con la valentía que se espera. ¿Hacemos de cuenta que no vemos o ponemos el cuerpo para que eso cambie? ¿Vale la pena? Uno sale de esta película descorazonado, o rabioso, o las dos cosas.








