Baile
No será mentira que desde que te conocí me encantaste, y cuando bailé contigo, sentí tu cuerpo y, como solo tengo una manera de expresarme, inicié escribiéndote poesía, uno titulado Rósame los labios.
No es falso todo lo que provocas en mi cuerpo, las sensaciones, la humedad, la sonrisa y el brillo de los ojos.
Y es que es de humanos reconocer y saber cuál es nuestro talón de Aquiles, y ese eres tú; te vi, me quedé sin aire, no sabía cómo reaccionar, solo quería que el mundo se detuviera para regalarnos la noche más linda del mundo.
Bailé otra vez contigo, tenía el mismo miedo que tenía el marido de la peluquera, pero se cumplió, sin buscarlo solo soñándolo, se concretó: ahí estábamos tú y yo en la pista, nadie más, solos nosotros y de fondo Baile inolvidable.
Tu olor, tus ojos, la sonrisa, las risas, nuestros cuerpos juntos, mis pensamientos, la excitación, el latido del corazón, el amor, nuestra historia.
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Volví a sentir tus manos entre las mías, tus brazos, a oler tu cuello, verte sonreír y disfrutar el baile, sentir cómo nuestros cuerpos se encontraban otra vez al ritmo de la música.
Y entonces volviste a contarme: «un, dos, tres», una vez más mi maestro, regrese a ser alumna, volvimos a ser nosotros. Nuestros cuerpos recordaban lo que el tiempo no ha conseguido borrar.
Y ahí estábamos, bailando otra vez, como si nunca hubiéramos dejado de hacerlo.
Pensaba que contigo iba a envejecer, en otra vida, en otro mundo podrá ser.
Me dio gusto verte.
24oct2026





